Muchas
veces he pensado - en realidad no he caído tantas veces en la
tentación de pensar - que los personajes de los libros tiene una
interesante vida fuera de la novela pero que poco o nada aporta al
trascurso de la misma.
¿Qué
pasa con Marlowe cuando deja a la chica en casa o cuando soluciona un
caso? Y Sam Spader ¿sigue con frases cortantes o suaviza su estilo
de vida delante de un gin tonic?
Pues
bien, dicho y hecho. Sobre todo con las nuevas tecnologías, que son
gratuitas, los aspirantes a escritores podemos crear otros entornos
para nuestros personajes. Un entorno donde beben, hablan, aman, leen,
o tienen sus aficiones a los ojos de un lector que solo está
preocupado por la resolución de un caso o el destino del malo, si no
es que el malo es el protagonista de la novela.
Dicho
esto, les presento La Taberna del Alma. Un lugar donde mis
personajes se relajan, se aflojan el nudo de la corbata, fuman,
hablar y tratan de agruparse en torno a Modesto: un vejete con
cientos de vidas vividas y de las que todas ha sido el único
superviviente.
Un
lugar bajo el paraguas de sus novelas que tienen como punto de unión
el lado soleado de la taberna o el lado de sombra que cada uno quiere
ocupar en cada momento. Porque la vida de mis personajes no siempre
es luminosa o siempre llena de sombras. Al fin y al cabo lo que
pretenden es estar vivos.
Pasen
a la Taberna del Alma, tómense un café, un vino o lo que desee y
hable y escuche a mis queridos personajes.
Espero
que el experimento le resulte placentero y no les haga perder un
precioso tiempo.
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